Por Mariangel Moro Colmenárez
Los Llanos.- Ramón Guillermo Herrera murió la noche del lunes 13 de abril tras ser arrollado en la avenida 36 con Circunvalación de Acarigua, estado Portuguesa. Su familia, además del dolor por la pérdida, tuvo que enfrentar un calvario: la morgue del hospital Jesús María Casal Ramos, principal de la región, lleva años sin funcionar, dejando cuerpos en sótanos y pasillos sin refrigeración ni dignidad.
El dolor se multiplicó para los Herrera. Desde la medianoche hasta el mediodía del martes 14 de abril, el cuerpo de Ramón Guillermo, quien era mecánico de profesión y vivía en el sector Las Palmitas de Villa Araure, permaneció en el sótano del centro de salud, junto a otros cuerpos de personas fallecidas.
“Cómo es posible que la morgue del hospital Jesús María Casal Ramos no esté funcionando. No porque las personas fallezcan dejan de tener dignidad humana; al contrario, siguen teniendo dignidad”, expresó Nayari González, sobrina de la víctima y periodista, en un video difundido en redes.
González relató que su tío solía llevar a su hija y a una sobrina a clases nocturnas en la Universidad Politécnica Territorial JJ Montilla, el antiguo Tecnológico de Portuguesa, y luego esperaba para regresarlas a casa.
“Anoche salió a caminar por los alrededores y tomó la avenida. Un vehículo lo embistió”, narró, dolida por la situación. El vehículo involucrado era conducido por una comerciante de 43 años, habitante de Acarigua, y quien se encuentra a la orden del Ministerio Público.

Un proceso médico-legal convertido en calvario
La falta de morgue en Acarigua-Araure representa horas de espera que alargan el dolor y generan costos adicionales para los familiares.
Para realizar la autopsia, el cuerpo de Herrera debió ser trasladado en un coche privado al hospital de Píritu, en el municipio Esteller, a 40 kilómetros de distancia, lo que implica un pago de 200 dólares a las funerarias.
Ni Senamecf ni el Cicpc cuentan con furgoneta desde hace más de 10 años para prestar este servicio, que debería ser gratuito como parte del proceso de investigación penal.
“Cuántas familias no lo dicen y tienen que vivir una situación similar. La dignidad humana no se pierde con la muerte; hay que dar un trato digno tanto al difunto como a los familiares”, subrayó González.
La morgue: años de abandono
El caso de Herrera evidencia una problemática de larga data. La morgue del hospital Jesús María Casal Ramos lleva casi una década fuera de funcionamiento por falta de ventiladores, compresores y gas, lo que inhabilita las cavas disponibles.
Los cuerpos de quienes fallecen en el hospital o son trasladados para autopsias permanecen en los pasillos, según denuncian trabajadores.
En octubre pasado, Senamecf elevó una solicitud formal al gobernador Primitivo Cedeño para reactivar la infraestructura. El sector funerario también ha mostrado disposición para colaborar, pero advierte que sin una morgue operativa se compromete la dignidad del fallecido.
Actualmente, cualquier cadáver que requiera autopsia debe trasladarse al hospital Oswaldo Barrios de Esteller, aumentando el desgaste físico y emocional de los familiares, además de multiplicar los costos y riesgos de manejo.
Familiares exigen dignidad y acción inmediata. “Así como han remodelado otras áreas del hospital, la morgue también merece atención. No es menos importante; ahora es un foco de contaminación”, enfatizó Nayari González.
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